29 sep. 2014

La percepción del fracaso

Cuando te ponés a escuchar en tu trabajo algo como esto, se te vienen cosas a la cabeza que, en vísperas de cierre de trimestre en la empresa en la que trabajás, pueden ser perjudiciales. Pero a veces, aquello perjudicial abre la puerta a la reflexión. Asi que mientras veo en el horizonte una nube muy negra, comparto la actual reflexión.

El sábado, iba a salir con dos amigos a un boliche por Belgrano. No se dio. Porque estamos a fin de mes, porque las chicas que nos esperaban no eran lo que esperábamos (como si nosotros fuéramos gran cosa) y porque la charla en la "previa" se tornó más seria, polémica y personal que de costumbre.

Uno de mis amigos, digamos, J, el más grande, casi en su cuarta década, comentó -interrumpiendo un intercambio de cuestiones bursátiles entre mi otro amigo, en sus veintilargos y yo, de treinta- que no tenía un mango. Mi otro amigo, llamemosló L, le preguntó al respecto y por el efecto desinhibidor del alcohol se extendió en la respuesta. En su descripción se notaba la frustración, decepción, negatividad, debilidad y resignación. Se encontraba todo lo que compone el peor cóctel. Ese cóctel que impide el desarrollo. Vive en Santa Fé con su mujer y la familia de su mujer. Tiene una hija recién nacida, de tres meses, está sin trabajo allá -aunque lo busca desde hace tiempo- y viene los fines de semana para trabajar de profe de basquet. Tiene un litigio pendiente -que debería ganar- por su trabajo anterior que le daría una indemnización significativa pero según sus palabras "de acá a tres años no voy a saber nada".

Cuestionamos cada punto suyo pero algunas cosas son inevitables. Que una persona de su edad escuche a pesronas -por más amigos que sean- una década menor que él y que, en su percepción, les va mucho mejor, cuestionar sus concluyentes opiniones es dificil de digerir. Es entendible y se lo hicimos saber, pero el cóctel que tiene dentro suyo es demasiado espeso. No se puede mover. Preocupa. Es un gran tipo y tiene todo para mejorar, pero el cambio tiene que venir por dentro para que cambie algo por fuera. Su punto de partida, incluso, es el contrario, lo que sucede por fuera es la premisa para sus cambios por dentro. Muy espeso todo. En la acalorada discusión, le di el ejemplo cercano que tengo, el de mi hermano.

Mi hermano, es apenas menos de un año menor que él y en los últimos cuatro años tuvo un crecimiento muy significativo a pesar de varios errores que cometió. Ese crecimiento fue mucho mayor, en los últimos cuatro meses. Todo cambió no solo cuando tuvo a su primera hija hace seis años, sino cuando empezó a ver a su hermano ocho años menor -yo- de otra manera. No como un hermano menor sino como un hombre al que podía escuchar. Tras varias charlas, pude convecerlo de cambiar algunas cosas de su vida. El martes pasado, firmó la escritura, junto a su mujer -mi cuñada- de la casa que compraron. Le costó muchísimo el cambio, pero lo logró y me siento orgulloso de ello. Entendí siempre sus razones para no cambiar pero siempre lo perjudicó. Hoy, es otro su camino.

Ambos, son de otra generación, una generación que, desde esta, se percibe que estuvo atrapada siempre y que aun lo está. Se percibe que en la parte tardía de su mejor momento, esa generación está entendiendo lo que tuvo que hacer y ante la percepción del pasado, la linea que separa una conclusión tajante entre "éxito" y "fracaso" es muy delgada.

La pregunta es, tiene la posibilidad de cambiar y emprender el camino hacia un futuro mejor, como lo hizo mi hermano o, el camino es sinuoso y con muy pocas posibilidades de cambiar tanto interna como externamente como con mi gran amigo?

Reflexiones que logran un buen objetivo, hacerse preguntas.

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